Los presidentes ejecutivos de Ford, Chrysler y General Motors trataron de convencer a los congresistas estadounidenses de duplicar la ayuda a la industria automovilística, después de la aprobación de una partida de 25.000 millones de dólares en septiembre que no fue distribuida.
Alan Mullaly (Ford), Robert Nardelli (Chrysler) y Richard Wagoner (General Motors), comparecieron ayer ante el Comité bancario del Senado argumentando que necesitan 25.000 millones de dólares más para evitar la quiebra.
"Si no hay un apoyo financiero inmediato, la liquidez de Chrysler podría caer por debajo del nivel requerido para poder asegurar nuestras actividades normales", indicó Nardelli, en su declaración ante el Senado.
Esto pondría en peligro cerca de 56.000 empleos directos de Chrysler, 20.000 millones de dólares en cobertura médica asegurada por el grupo y 35.000 millones de dólares que dejarían de ganar anualmente con los proveedores, indicó.
Pero la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, advirtió que los tres grandes fabricantes de automóviles estadounidenses tienen que reformarse si quieren recibir ayuda pública.
"Esta ayuda debe de venir acompañada de condiciones estrictas", advirtió Pelosi, que evocó por ejemplo un congelamiento de las primas y otras indemnizaciones a los directivos, así como la obligación de "utilizar las nuevas tecnologías" para producir vehículos que consuman menos carburante.
A modo de garantía para el capital invertido, Pelosi pidió la construcción de una fábrica que integre dichos conceptos de aquí a marzo próximo.
Por su parte, el presidente de Ford advirtió que "la quiebra de uno de nuestros competidores tendría un efecto devastador sobre el conjunto de los constructores, manufactura de equipos y concesionarios".
Wagoner de GM afirmó que los problemas de su empresa no obedecen a un modelo erróneo, como habían señalado legisladores, sino a la "crisis financiera global, que restringió severamente el crédito y redujo las ventas al menor nivel per cápita desde la II Guerra Mundial".
El proyecto de ayuda a la industria automotriz favorecido por los demócratas, que busca utilizar parte de los 700.000 millones de dólares, encuentra una decidida oposición de congresistas republicanos.